martes, 5 de octubre de 2010

Leer, vivir, soñar, LEER: la serpiente literaria kartonera se muerde la kola pero avanza ijestilo pe















Y ya que andamos por la ciudad del trompo alucinógeno y el chancho totémiko como diz el Kuru, viene a cuento que les presentemos un cuentito de Matías Insaurralde, joven escritor lukeño que forma parte del catalogo de Nueva Narrativa Parawayensis in progress de FELICITA CARTONERA:



Sobre cortes de pelo

El espejo era pequeño, la silla bastante cómoda y el calendario
que estaba colgado por la pared, del año pasado.
Un hombre pelado, de complexión delgada, sostenía una tijera
con la mano izquierda. Con ella, cortaba y empujaba cada
mechón al suelo. Algunos fallaban la caída, terminaban
molestando al que estaba sentado en la silla, cayendo por sus
brazos, su espalda y hasta sus pies.
En el momento de mi llegada, un hombre muy gordo estaba
siendo atendido. El pelado iba matando cada pelo de su cabeza.
Al gordo no lo había visto nunca, no creo que sea del barrio.
Seguro conocía las grandes habilidades del pelado para limpiar
cabezas, entonces venía desde muy lejos para que le cumplan el
servicio. Tenía una barba espeluznante y revisaba su celular a
cada rato.
Tuve que esperar varias decenas de minutos, tuve que ver como
al gordo le limpiaban la cabeza y le arreglaban la barba. No había
muchas cosas interesantes para ver, una era mirar al gordo en
vivo y en directo, la otra al espejo.
Mientras esperaba, tuve que hojear las revistas que estaban en el
sillón. Eran revistas de la década pasada, llenas de polvo y con las
hojas amarillentas. Dudaba de que el pelado fuera tan viejo.
Me llamaba la atención el calendario. ¿Seguía colgado ahí por la
chica de la foto o el pelado amaba el 2008? ¿El próximo año
seguirá ahí? ¿Y si le regalo un calendario 2009?
Entre pensamiento, pensamiento y una alerta de batería baja de
mi celular. Se levanta el gordo, saca una billetera amarilla. Trata
de meter la mano entera y le cuesta, saca un billete y lo deja en
manos del pelado. El gordo se da vuelta. Al salir, pasa por la
puerta con dificultad. Sube a su moto y se va.
Ahora es mi turno al fin. Me toca sentarme en la silla y ver el
espectáculo de los mechones, caen como las gotas de lluvia de un
sábado lluvioso o como fragmentos de meteorito, clásico de esas
películas del espacio.
El pelado, mirando al techo me dice:
- ¿Querés tres? ¿Mantengo el estilo nomás?
Realmente yo no entiendo el código de los peluqueros, no sé a
que se refería con tres, tampoco como quedaría mi cabeza si
mantenía "el estilo". Me imaginaba al pelado frente al gordo -con
la panza al aire- en el quirófano, haciéndole la misma pregunta,
terrible. Simplemente, afirmando con mi cabeza, dije:
6
- Cortá todo lo que puedas.
Puso su máquina en marcha y comenzó a podar mi cabeza.
¿Cómo podía cortar el pasto del fondo de casa y no podar mi
propia cabeza?
Confieso que siempre tuve miedo a las máquinas para podar
cabezas. Siempre estuvo en mi mente la idea de que un
peluquero desatento -uno de esos que canta Arjona- podía
agujerearme la cabeza. Este silbaba Guns N Roses, me sentía
seguro.
Me miraba yo al espejo, mi flequillo llegaba casi hasta mi boca,
recién me daba cuenta. Rápidamente, mi cabeza quedó con
menos pelo. Este peluquero era muy rápido, aunque aburrido. Al
gordo le había hablado de fútbol, y yo esperaba que me cuente lo
último de Google. Sabía que no iba a pasar. Este peluquero solo
sabía de tijeras, secadores, peines, cepillos, pinzas y "estilos".
Cuando llegó el momento, me levanté con una sonrisa en el
rostro y mirándome al espejo. Mi cabeza al fin estaba delgada.
Antes de levantarme el pelado me preguntó:
- ¿Está bien así? Quedó bien el corte, mantenés el estilo.
Le respondí que sí.
La forma que sea que le haya dado a mi cabello (o el "estilo",
como dicen los peluqueros) me gustaba. De mi bolsillo izquierdo
saqué todo el dinero que llevaba conmigo. Un billete y varias
monedas. Salí por la única puerta, extrañando el sillón,
detestando las revistas viejas y el único calendario -el del del año
pasado-.
Me corté el pelo, ahora tengo un nuevo estilo. Ahora dejo de
verme como un maleante automáticamente (todo el mundo me lo
decía).
Espero que el peluquero lea esto.








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